La revolución creativa
propuesta por Murray Schefer
Luis Guerrero Ortiz.
Importancia de la
música en la formación de los Niños
La música existe y se
práctica desde tiempos inmemorables simplemente porque “nos eleva de nuestro
cautiverio vegetal” y permite desplegar de manera más significativa nuestra
condición humana.
La exclusión o la
marginalidad de la música en la educación formal y específicamente en la
educación de los niños, representa una mutilación, una negación o cuando menos
una distorsión de su identidad.
La importancia de
enseñar música a los niños, entonces, radica en la posibilidad de formar una
generación que recupere una capacidad inherente a su naturaleza como es la de
reconocer y disfrutar los diversos sonidos de su entorno, los que existen y los
que ella pueden producir, distinguiéndolos del ruido.
Cómo enseñar música a
los niños.
La sociedad
contemporánea sufre transformaciones de gran envergadura antropológica, que han
puesto de relieve las tensiones entre los tres tipos de cultura descritas por
Mead: la cultura Postfigurativa, donde “los niños aprenden primordialmente de
sus mayores”, la Configurativa, donde “tanto los niños como los adultos
aprenden de sus pares” y la Prefigurativa, donde “los adultos también aprenden
de los niños”
En este contexto de
cambios culturales, si lo que se busca es comprometer genuinamente a las
actuales generaciones con su propio aprendizaje y crecimiento personal, se
requiere una educación que sepa partir de las propias habilidades e intereses
de los niños y darles la oportunidad de ponerlos en juego a través de procesos
tan activos y colaborativos como gratificantes.
Esta es la perspectiva
que propone Schafer para la enseñanza de la música en los niños; en primer
lugar, darles la posibilidad de aprender a descubrir el paisaje sonoro del
mundo y escuchar todos los sonidos del entorno; en segundo lugar, permitirles
descubrir el potencial creativo que cada uno posee para hacer su propia música;
en tercer lugar, propiciar el encuentro de la música con todas las artes,
haciendo de su aprendizaje una experiencia multisensorial que supere la clásica
fragmentación que caracteriza a la educación musical.
Limpiando los oídos y
descubriendo el paisaje sonoro:
Schafer denomina al paisaje sonoro al medio ambiente en tanto espacio
ubicado entre el sonido y el ruido constituyendo una especie de composición
universal en la que todos somos participes.
a)
Sonidos principales: Nota principal propia
de un sector, puede ser creado por la naturaleza o artificial, su escucha
puede no ser consiente.
b)
Señales sonoras: Sonidos que de
pronto ganan el primer plano y se escuchan conscientemente.
c) Marcas sonoras: Sonido único en un determinado ámbito geográfico
Schfer afirma que las
personas pueden y deben aprender a ser autoras del diseño acústico de su propio
paisaje, empezando por cultivar sus costumbres auditivas. Propone además que
podemos aprender desde niños a manejar los sonidos con menos torpeza y a
tratarlos más bien como “objetos preciosos”.
Este es entonces el
primer paso necesario para el aprendizaje de la música, “descubrir todo lo que
podamos sobre el sonido- su física, su psicología, la emoción de producirlo en
la garganta o de encontrarlo en el mundo fuera de nosotros”.
Descubriendo el potencial de los niños para crear su
propia música.
a) Producir sonidos: Schafer no concibe la enseñanza de la música como el aprendizaje
de sistemas de notación, biografías de autores o piezas clásicas, ya que eso
equivale a tratarlas como un objeto del pasado, no como algo vivo y con
inmensas proyecciones.
Schafer considera que la “música es sonido y no se
puede aprender música prescindiendo de el” Por lo tanto, invertir tiempo de
clases fundamentalmente en producir sonidos pasa a convertirse en una premisa
básica de su propuesta.
b) Encender la chispa: Schafer plantea que “lo mejor que cualquier maestro puede hacer
es plantar en la mente de sus estudiantes la chispa de un tema, de manera que
esta pueda crecer, aún si el crecimiento adopta formas imprevisibles” Considera
además que la música es un arte expresivo por naturaleza, por lo que resulta
contradictorio que en la enseñanza formal de la música a los niños, el énfasis esté
en la teoría, la técnica y la memorización de conocimientos.
c) El papel del maestro: Schafer cree que a todo profesor se le debe permitir enseñar idiosincrásicamente,
lo que significa darle a su forma de enseñar el sello de su propia personalidad
y no diluirse a sí mismo mimetizado en la aplicación de secuencias y
procedimientos universales. El docente debe estar preparado para ceder el
protagonismo a los niños en la actividad creadora y de tal manera, que su lugar
en el aula pase a un segundo plano.
Convirtiendo la música en un lugar de reunión de todas
las artes.
Schafer no propone la
enseñanza de la música como un camino especializado, fragmentado y separado de
toda experiencia humana. Afirma que “para el niño de cinco años, la vida es
arte y el arte es vida; sin embargo al ingresar a la escuela el arte se vuelve
arte, y la vida se convierte en vida” El autor piensa que aislar el
compartimiento de la enseñanza de las artes, es una “fragmentación de la
experiencia”
Demandas a las políticas
La pedagogía planteada
por Murray Schafer es sin duda revolucionaria y toca el corazón de la reforma
educativa pendiente, hoy postergada y reducida a su expresión más pragmática.
Propone hacer de cada clase una hora de mil descubrimientos, haciendo un cambio
profundo en la noción y gestión del tiempo al interior de la escuela formal.
Una formación musical
en la educación inicial capaz de convertirse en un espacio de encuentro de
todas las artes, una genuina explosión creativa de la sensorialidad, exige,
para empezar, un currículo que abandone el enfoque instrumental del aprendizaje
del arte, siempre subordinado al logro de objetivos comunicacionales que a la
larga y a la corta terminan en lo lingüístico, en el desarrollo de las
capacidades lógico verbales de los niños.
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